Experiencia que nos ha dejado un sabor agridulce. Por un lado, la magnífica labor de nuestra guía, Francesca, que estuvo muy amena en sus explicaciones, y por otro lado, había tantas personas realizando la visita, que no era posible apreciar del todo, la magnitud y magnificencia del lugar y de lo que guarda en su interior. El museo en algunas salas, me parecía más un almacén, que otra cosa. Para acabar, ¿no fotos en la Capilla Sixtina?, por lo que se paga, algo incomprensible
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Experiencia que nos ha dejado un sabor agridulce. Por un lado, la magnífica labor de nuestra guía, Francesca, que estuvo muy amena en sus explicaciones, y por otro lado, había tantas personas realizando la visita, que no era posible apreciar del todo, la magnitud y magnificencia del lugar y de lo que guarda en su interior. El museo en algunas salas, me parecía más un almacén, que otra cosa. Para acabar, ¿no fotos en la Capilla Sixtina?, por lo que se paga, algo incomprensible